domingo, 28 de febrero de 2010

Historias de coherencia

No suelo ser lo que se dice instantánea a la hora de publcar en el blog algo que pasa por mi mente o mis ojos, lo cual implica que tenga aún en mi borrador sin publicar reflexiones y opiniones hasta del mes de diciembre. Poquito a poco... Sin embargo, esta vez sí voy a ser algo más rápida, hablando aquí de una serie de cosas, algunas de las cuales llegaron a mi conocimiento ayer mismo.
La primera de ellas es la historia de una hombre que es, por el momento y hasta donde yo sé, el único miembro del PSOE que ha sido consecuente con sus principios pro-vida en estos momentos convulsos en el que se ha aprobado la dichosa "ley de salud sexual y reproductiva". Se llama Joaquín Manuel Montero y era, hasta hace dos días, segundo teniente de alcalde de Paradas (Sevilla).


Lo ha hecho constar enviándoles una carta a Zapatero y Pajín en la que deja las cosas bien claras: «Jamás permitiré que mi nombre aparezca junto al de una organización que legitima la muerte de inocentes mediante la aprobación de leyes injustas».

Pocos medios de difusión nacional he visto yo hacerse eco de esto.

El alcalde de la localidad ha dicho que lo que ha hecho este hombre es "una muerte anunciada" y "un error", porque dice que hay muchos que no están de acuerdo con ciertas decisiones del partido y que no se van porque las cosas se cambian desde dentro. Pues mire, me da a mí que no. Me da a mí que las cosas cambiarían si la gente no fuese tan cobarde o tan amiga de las medias tintas y a la hora de la verdad fuese coherente. Es decir, si todos los miembros del PSOE que reconocen la atrocidad en la que consiste el aborto hubieran hecho las maletas como Montero, otro gallo cantaría. Además, las posturas sobre cuestiones coyunturales se pueden debatir en el seno de un partido, pero cuando hay vidas en juego, todo es muy distinto. Y máxime cuando se trata de uno de los "dogmas" del partido, que abandera este tema como una cuestión de libertades y de igualdad... ¿a qué aspiran los que creen que pueden cambiar eso? ¿qué les mantiene unidos a un partido que los considera unos derechosos y atrasados, contrarios a su estúpido ideal de progreso? Al Gobierno y a gran parte de la opinión pública, tan amiga de etiquetas despersonalizadoras, les encanta relacionar derecha y oposición al aborto. Y por eso, somos realmente incómodos los que no somos de derechas y defendemos la vida. Pero esto es posible. En el PSOE no sé si habrá muchos, pero se ve que están bastante cómodos como para quejarse. Sencillamente, enhorabuena, Montero.

La segunda historia viene de EEUU. Lo mejor es ver el vídeo antes que nada.

Bien. A nosotros el fútbol americano como que ni nos va ni nos viene demasiado, pero ese mozalbete del vídeo es el quarterback de los Florida Gators y toda una promesa de ese deporte. Este anuncio lo han puesto en plena Super Bowl. La madre sufrió una infección grave durante el embarazo y le aconsejaron que abortara, no lo hizo y ahí está Timmy.
Como se ve, el anuncio es una simple muestra de ternura de una madre hacia su hijo, y un claro mensaje: está aquí porque ella eligió que viviera. Pero esto se expone desde el testimopnio, no desde el juicio. No está diciendo: "abortistas asesinos, si fuese por vosotros mi hijo no habría nacido". Sin embargo, los abortistas se han sentido ofendidos. Como comenta el autor de este blog, en el que conocí la noticia, se ve que ser pro-elección sólo vale si la elección es abortar. Pues menuda gracia. Resulta curioso que alguien vea mala leche e intento de división en una madre que cuenta lo feliz que está de que su hijo esté sano, y que los cristianos no podamos intuir ningún ánimo ofensivo en, por ejemplo, unas fotos blasfemas. Se ve que la presunción de inocencia, al igual que la "libertad de elección", son sólo monopolio de algunos.


La tercera historia viene con un llamado a vuestro apoyo. Se trata de un documental que debe ser conocido en todo el mundo y que, al parecer, no encuentra distribuidor. Se llama Blood Money (Dinero de sangre), y en él, personas que trabajaron para el gigante abortista Planned Parethood cuentan su testimonio de lo que allí se hace y cómo se hace. Sólo ver el trailer pone un poco los vellos de punta...


Recorte del periódico "Gente en Madrid",
edición Getafe (pulsar para ampliar)
En la web de la película (en inglés) aparece la opción de dar tu apoyo para que así sea posible encontrar un distribuidor. Nuestro país necesita verlo en estos momentos en los que, junto con la ley que reconoce como derecho acabar con la vida en el propio seno materno, existen casos como el de mi ciudad, Getafe, que dará un premio con motivo del día de la mujer (8 de marzo) a la empresa abortista Dator por su "incansable labor en defensa de la salud sexual y reproductiva de las mujeres". Desde luego, si hay algo que hay que reconocerle a Dator es lo igualitario de su tarea: lo mismo les da acabar con la vida de un no nacido del sexo masculino que de una del sexo femenino. Parece que esa igualdad es la que les gusta a los iluminados que le han concedido el premio.


Mientras tanto, en lo callado y sencillo, unas cuantas organizaciones sin galardón (y muchas sin subvención) se empeñan en apoyar a las mujeres que se quedan embarazadas para que no tengan que pasar por el trago del aborto. De algunas de ellas ya hablé. De otras, debo hacerlo próximamente. Tan próximamente como me premita ese talón de Aquiles llamado inconstancia.

lunes, 22 de febrero de 2010

No somos productivos

Hace unos días leí una entrevista a Vitorio Messori, un escritor que a los 23 años vivió una conversión inesperada y desde entonces ha publicado más de 20 libros. El último de ellos tiene un título que no requiere demasiadas explicaciones: Por qué creo. Una vida para dar razón de la fe. Este hombre considera que su vida está para eso, y no seré yo quien le contradiga. No hay mejor manera de emplear el tiempo que se nos ha dado.
Lo que más me llamó la atención de la entrevista fue cuando Messori comentó que tiene muy presente eso que dice el Evangelio de: "mucho se le pedirá al que mucho se le ha dado". Afirma que esa es su situación. Pero... no es el único. Somos muchos los que hemos recibido mucho y no deberíamos permitirnos desperdiciarlo, ni enterrarlo como el talento de la parábola. Como alguna vez he hablado con un cura amigo mío que es muy sabio, caemos muy a menudo en el pecado de omisión, y lo peor de todo es que no le damos la importancia que merece. Concebimos siempre el pecado como "algo que he hecho mal", pero pocas veces pensamos en los bienes que hemos dejado de hacer. O si lo pensamos, nos cuesta mucho más buscar soluciones.
Esta reflexión parte de mi propia vida: unas capacidades que no aprovecho, un espacio vital que no ordeno, un tiempo que no empleo como debiera... y sobre todo, un amor que no entrego lo suficiente. Una vez leí que el examen de conciencia de cada noche no debería revisar lo que he hecho o he dejado de hacer, sino lo que he amado o he dejado de amar. Esta es una "productividad" muy distinta a la que se entiende comúnmente. Pero sin ella, cualquier otra consumiría la vida sin más.
La maldad extrema es cosa de unos pocos, y es fácil decir, a la vista de esos pocos, "qué mal está el mundo", o "me avergüenza el género humano". La mayoría no nos consideramos malos. Pero... ¿y pasivos? ¿No somos demasiado pasivos? ¿No resulta contradictorio que nos escandalicemos de las consecuencias de la falta de amor en el mundo y que, por nuestra parte, no nos empeñemos en aumentar ese amor?
El miércoles pasado empezamos la Cuaresma. A la vista de todo esto, me gusta concebir este tiempo como una oportunidad de "re-ordenar la vida". Y de re-ordenarla hacia el Amor. Nada de privaciones sin sentido, ni de propósitos estilo año nuevo. Todas las privaciones deben ir encaminadas a quitar lo superfluo de la vida, porque re-ordenar implica hacer un poco de limpieza. ¡Y anda que no me cuesta a mí hacer limpieza!

Desde hace un tiempo, me angustia la idea de que el tiempo se me pase cada ver más rápido. Me han dicho alguna vez que eso es así cuando uno pasa de niño a adulto. Cosas de la vida. Sin embargo, estos tiempos privilegiados que se nos regalan, como la Cuaresma, son perfectos para que el tiempo no se nos escape "como si nada", sino que vivamos día a día su sentido. Sería una pena desperdiciarlo.

lunes, 1 de febrero de 2010

Ni quiero, ni sé...

Hace un par de semanas empezó el programa llamado Generación ni ni, y en casa teníamos mucha curiosidad por verlo, debida en parte a la gran publicidad que estaba teniendo por parte de su canal, La Sexta, uno de los más vistos en nuestros ratos comunes (por eso tengo tanto que decir sobre esta cadena).
Lo primero que pensé cuando lo vi fue: "vaya, justo lo que me esperaba, un Gran Hermano con chonis". En efecto, es más o menos eso, solo que en lugar de sacar cuatro frikis de un casting y el resto de concursantes de una agencia de tíos cachas y tías recauchutadas, aquí los han sacado a todos de un botellón permanente, atendiendo al grito de auxilio de unos sufridos padres y madres.

No voy a entrar de descripciones demasiado detalladas del funcionamiento del programa y de sus concursantes, para eso ya hay blogs dedicados exclusivamente a eso. Además, no sé si seguiré el programa, no suelo guardar fidelidad a series y programas de tv, me da pereza. Entonces, ¿qué narices hago hablando de esto? habréis pensado. Simplemente, me llamó la atención el ingenuo planteamiento del programa. Sí, ingenuo. Creo que no tiene otra descripción. Más allá de lo chocante que pueda ser para la gente ver que existen personas que no aspiran a nada en la vida, que no tienen ningún tipo de inquietudes que les lleven a querer estudiar para encontrar respuestas y tampoco tienen ningún tipo de responsabilidad que les lleve a querer labrarse un presente y un futuro, más allá de lo penoso que suponga ver el nivel de enganche que tienen algunos al tabaco, tal que si se les acaba se acaban fumando hebras de plátano, está el hecho de que quieran, así como de un día para otro, inculcar a esos chavales una serie de valores que requieren toda una vida.

Me explico: aparecen unos psicólogos y les dicen que, además de aprender a convivir y a pelarse el culo trabajando, tendrán que aprender valores, porque no entienden ni de respeto, ni de disciplina, ni de nada de eso que suena tan carca o tan pasado de moda para tantos (aunque a lo mejor cambian de opinión si ven que los psicólogos de La Sexta abogan por eso). Uno de los concursantes se mosquea "hombre, yo a mis padres los respeto mucho". Pues eso, chaval, se ve que a tus padres nos les basta con que lo digas.

Un par de días después, tras beberse todo el alcohol que tenían en la casa, fumarse el plátano, haberse dormido y no haber ido a trabajar, no haber conseguido encender una vitrocerámica y haber dejado la casa hecha una mierda, vuelven los psicólogos con su maleta y dispuestos a hacer de niñeros porque "han demostrado que no han aprendido aún ninguno de los valores que rigen la convivencia". Y, para que empiecen a interiorizarlos, ¿qué mejor que castigarles con quitarles los caramelos como a los niños pequeños? Les muestran unos vídeos de sus padres metiendo en una caja sus objetos personales más queridos o más valiosos para deshacerse de ellos. Pues eso, una manera estupenda de inculcar valores a la gente, claro que sí.

La nota de cordura vino de boca de uno de los choni-concursantes, que dijo "pero si yo cambio no es para que no me quiten todo eso, sino por mis padres, para que estén bien"... Enhorabuena, chaval. Parece que tienes más idea del asunto que los que han hecho el programa, al menos de momento.

Aunque no abogo por la ingesta excesiva de televisión, creo que este programa deja entrever cosas muy interesantes si se ve con un poco de ojo crítico. Las entrevistas de los concursantes con los psicólogos han dejado ver realidades que son aplicables a cualquiera, por muy gañán que sea. La primera, que todos necesitamos sentirnos amados. La segunda, que eso se tiene que materializar. Y muchas veces, la forma en que se materializa no es de lo más agradable, pero sí de lo más amoroso. Amenazar a esas personas con quitarles sus cosas no creo que sea tan efectivo como plantarles la verdad de frente. La verdad duele muchas veces más que cualquier pérdida material. Y el permisivismo que muchas veces viene de la mano de la modernidad es, aun con la mejor intención del mundo, una des-educación bastante contraria a lo que nosotros necesitamos. Los jóvenes de ese concurso son prueba de ello, y muchos de nosotros también.

Lo paradójico de todo esto es que la cadena que emite este programa gusta de ser abanderada de esa modernidad permisivista, y ahora con este programa parece estar dando la razón a lo que tanto critica. Es una de sus muchas contradicciones, aunque en este caso es un buen síntoma: por mucho que se ataque, hay verdades que no se pueden negar. Las figuras de autoridad, por otro lado, son un hombre y una mujer, es decir, la combinación de lo masculino y lo femenino que siempre es necesaria para la educación. Por desgracia, la "paridad" no existe entre los concursantes... ¿no han encontrado suficientes parásitas? No me lo creo. Cambiando de términos, otro de los momentos que me han llamado la atención ha sido cuando la psicóloga le dijo a una concursante, literalmente: "no sé si sabéis que en una relación de pareja, además de sexo, tiene que haber otras cosas. Tiene que haber sentiminetos...". Otra joven manifiesta que el hecho de que sus padres estén separados es un motivo de sufrimiento para ella, tanto que no quiere ni que estén juntos en su presencia. Y otra más, a pesar de su juventud, ha vivido dos abortos, y no se ve precisamente feliz. Cada una de sus vivencias dejan al descubierto realidades que pocas veces se quiere ver. Vaya, que viendo este programa una recupera un poco la fe en la cordura de la gente, fe que ha ido perdiendo tras ver otras programas de la misma cadena o de otras, tanto en televisión como en radio.

Nuestra pereza y nuestra comodidad hacen que no queramos ir más allá; los efectos de la sociedad relativista del "todo vale" hacen que no sepamos... Por eso, más allá del "ni ni" de "ni estudiar, ni trabajar", que reduce esta realidad a unos pocos jóvenes, yo hablaría del "ni puedo, ni sé", que nos engloba a todos. Y es que, además de nuestra voluntad, es necesaria la ayuda de otros. Como dijo una vez un sabio (¿fue, tal vez, Juan Pablo II?): "la libertad necesita ser liberada".