martes 15 de noviembre de 2011

Crónica de otra muerte anunciada

Too much for words alone by Murd3r0tica.
Fuente: designsplanet.com
Demasiadas palabras inconexas. Un cruce imparable de mensajes. Ahora estás leyendo esto, y si no te dice nada, pasarás a otra cosa sin terminar. O puede que pases a otra cosa sin saber si esto podría decirte algo. Y tal vez llegues a otro blog, a otra página web, o cojas entre tus manos un papel lleno de letras, y hagas lo mismo. Una y otra vez. El buzón de entrada lleno de correos de mil remitentes distintos, cada uno dice una cosa: simple publicidad y mensajes importantes se juntan, ¿por qué leer los segundos si los primeros son más llamativos y cómodos? Poco importa que tras estos haya una simple máquina y tras los otros, una persona. Una persona ahogada en un maremágnum de palabras, como nosotros, como nuestro tiempo.
La imagen del ahogamiento se ha hecho aterradoramente real esta vez, en la persona de Ashley Billasano. Un mensaje más entre todos los que ocupaban el timeline del Twitter de sus seguidores. Y otro, y otro más. Y así hasta 144. ¿Pero qué son 144 mensajes cuando al día se vierten millones en la red? Los usuarios de twitter podemos llegar a leer muchos mensajes al día, y muy variados: unos nos hacen reír, otros nos brindan información, otros buscan concienciarnos... los de Ashley informaban de que ella se quería suicidar. Y que había sufrido abusos sexuales desde que tenía 14 años. Ahora tenía 18, y 500 seguidores en Twitter. Usó 144 veces esos 140 caracteres para explicar su historia. Pero sus mensajes quedaron diluidos. Al parecer, nadie intentó quitarle la idea de la cabeza. Supongo que tendrían demasiado que leer, demasiados mensajes entrecruzados. Alguno pensaría que era mentira, una broma pesada para aprovecharse de quienes tienen buenos sentimientos y se preocupan por los demás. Y habría quien pensara que, al fin y al cabo, era su vida y no era plan de entrometerse (esa cómoda visión de la libertad ajena que nos convence de que la mejor opción es la indiferencia). El caso es que tras esos 144 mensajes había una persona y una llamada de auxilio que no llegó a un solo puerto seguro.

A la vista de esta historia podríamos quedarnos con los detalles concretos y echarnos las manos a la cabeza pensando lo mal que está el mundo y lo mal que debía estar ella, y entrar en posibles motivaciones que pudieron llevarle a hacer lo que hizo, pero... ¿habría cambiado la historia si nosotros hubiéramos estado entre los seguidores de Ashley? ¿topamos a veces con personas que, sin tener que llegar al extremo del suicidio (aunque a veces, por desgracia, sí), están sufriendo, y apenas nos paramos a prestarles un poco de atención simplemente porque lo tenemos al nivel de un mensaje más? Pienso ahora en todos aquellos que, como yo ahora, se toman su tiempo ante un teclado en compartir una parte de sí mismos o algo que les importa de alguna manera. Y lo fácil que es pasar de largo, y la de veces que lo he hecho, no por falta de tiempo, sino por cierto menosprecio.

Esta historia es la gota que colmó mi deseo de retomar el blog. Me ha hecho ver más claramente la web como un mar embravecido lleno de agonizantes buscadores. Algunos, por desgracia, se quedan sin oxígeno.

viernes 12 de agosto de 2011

Codo con codo

Las Jornadas Mundiales de la Juventud, lejos de ser, como se dice por ahí, un espectáculo, una manifestación o una ostentación (opiniones vertidas mayormente por quienes no las están viviendo desde dentro), son, ante todo, una escuela de eclesialidad. Un curso, bastante intensivo, que nos enseña, de forma visible, muchas cosas que el resto del tiempo nos son mucho menos evidentes (o les prestamos menos atención). Hablo, por supuesto, de la comunión eclesial, que podremos contemplar manifestada entre los hermanos que nos vamos a reunir; también, de la universalidad de la Iglesia, que se nos va a hacer mucho más notoria al contemplar todas esas banderas, colores, lenguas y manifestaciones culturales; también me refiero a la alegría que habita en el corazón de quienes tienen a Dios, que se derrochará en esta gran fiesta... 
Pero hay muchas otras cosas que estamos aprendiendo de forma totalmente práctica gracias a la preparación de la JMJ. En estos días previos, los voluntarios y colaboradores que estamos preparando la acogida a los peregrinos, recibiendo el material que necesitan en los colegios, institutos y polideportivos, aclimatándolo todo para que se sientan en casa, estamos recibiendo una serie de lecciones que, partiendo de algo tan concreto como son estas tareas, podemos extrapolar a todos los ámbitos de nuestra vida y de nuestra vocación concreta.
Imagen tomada de jmj2011.scouts.es
En primer lugar, la importancia y la urgencia de trabajar mano a mano, codo con codo, en continua comunicación (facturas de teléfono: ¿quién dijo miedo?), atento en todo momento a lo que cada uno puede aportar. El valor que tiene ser creativo en lo que a cada uno le ha sido encomendado, pero también la atención, el intercambio de opiniones y propuestas, el estar ahí para aportar pero también para responder a lo que el otro necesite.
Por otro lado, el valor de la fidelidad a la palabra dada. El ser consecuente con el "sí" pronunciado. En este caso, vuelve a ser para cosas muy concretas, pero bien dice el señor que "el que es de fiar en lo menudo, también en lo importante es de fiar" (Lucas 16, 10). Y un "sí" para toda la vida se compone de muchos pequeños "síes" diarios.
Y, desde luego, con la tarea en estos días nos damos cuenta de lo importante y lo urgente que es rogar a dueño de la mies que mande obreros a su mies, obreros de todas las clases y para todas las tareas necesarias, y de nuestra responsabilidad en esta tarea. Al vernos a veces faltos de manos, nos damos cuenta de lo importante de compartir con los demás tanto nuestro esfuerzo como nuestra alegría. Cuántas personas de mi edad estarán pasando un verano anodino, como yo tantas veces, desconociendo la grandeza de lo que se está preparando y de lo que ya está aquí. Aunque esta grandeza implique, desde luego, pasar apuros.
Admiro profundamente a todas y cada una de las personas que se están desgastando por el Señor y por los hermanos en esta JMJ. Y agradezco todo lo que ello nos está enseñando, de bueno y de malo,ya que todo es para bien. Ojalá lo guardemos todo en el corazón, y no nos cerremos a seguir aprendiendo de manera tan especial durante estos días.

martes 9 de agosto de 2011

Una cruz para unirlos a todos

Eucaristía en el Cerro de los Ángeles
con la Cruz y nuestra Patrona
Hace una semana, el día 2 de agosto, en la Diócesis de Getafe tuvimos nuestro último gran regalo antes del tirón final con el que abriremos las puertas de la JMJ Madrid 2011. Tuvimos la oportunidad de pasar un día de oración con la Cruz de los Jóvenes y el Icono de María, y además coincidió con el día de nuestra patrona, Ntra. Sra. de los Ángeles, cuyo Año Jubilar estamos celebrando. Era un día, por tanto, para armonizar juventud y tradición, lo local con lo universal, lo vivido y lo que está por llegar, lo recibido y lo que ahora toca dar.

Juan Pablo II, como el gran antropólogo que fue, entendía muy bien el valor de los símbolos, los gestos y las imágenes, sin desmerecer la palabra. Prueba de ello fue esa gran cruz de madera que entregó a los jóvenes en 1984 para que la llevaran por el mundo como una suerte de antorcha olímpica que anunciase aquello que es el centro de nuestra fe y de nuestro vivir. Desde entonces hasta ahora, la cruz ha hecho kilómetros y kilómetros, y ha presidido las Jornadas Mundiales de Juventud que han tenido lugar.

Detalle de la portada del número de abril de 2010
 de la revista Padre de todos
Yo he tenido la suerte de haber vivido mi periplo personal con ella y con su compañero de viaje, el icono de la Virgen. Llegó en primer lugar a mi universidad y de una forma algo inesperada. Nuestra fotografía en el salón de actos de la Facultad de Económicas llegó a ser utilizada por quienes criticaron su presencia allí; pero al menos en aquella ocasión nos dejaron celebrar tranquilos y nuestro día estuvo marcado por la oración y la celebración y no por el boicoteo. Tras aquello, en la Semana Santa del año pasado, los jóvenes de la Diócesis de Getafe recibimos la cruz de manos de los de Madrid, algunos salimos un día en pasacalles para anunciarla y se adentró, entre otros lugares, en la cárcel de Valdemoro, donde algunos jóvenes celebramos la Pascua con unos presos exultantes que portaban velas y cantaban a pleno pulmón que "somos testigos de la Resurrección". La Cruz presidió nuestra Jornada Diocesana de Juventud del pasado año, entre bailes de Icthys, cantos del Coro Diocesano y mucho más, y su imagen en el centro de la Catedral de la Magdalena se nos quedó bien grabada. Tras la despedida, volvimos a encontrarnos con ella en Santiago, durante la Peregrinación Europea de Jóvenes de agosto de 2010. Los miembros del grupo Icthys, además, pudimos acompañarla cuando en enero estuvo en la Diócesis de Plasencia, y allí también la estuvimos anunciando con músicas por la calle. Recuerdo que escuché varias veces al obispo de allí, don Amadeo, centrar la atención en el hecho de que la imagen de la cruz siempre va acompañada de las manos de los jóvenes, que la llevan de un lado a otro, que la dan y la reciben de una forma natural.

Y he ahí la cuestión. Se podría pensar que es simplemente una cruz de madera, pero en ella se unen las manos de jóvenes de todo el mundo. Es algo que compartimos en medio de cualquier diferencia. Un detalle importante ha sido su paso por lugares de dolor, como cárceles, clínicas, residencias... Pues al fin y al cabo, la cruz fue un instrumento de dolor del cual afirmamos que brotó la salvación. Y si del dolor no nos libramos ninguno... ¿por qué habríamos de negarnos a la salvación? Es un hecho que nos es común el mal, queramos o no; pero es un pena que impidamos que nos sea común el bien.

Queda bien poquito para que la Cruz y el Icono presidan aquello para lo que llegaron a nuestro país: la Jornada Mundial de la Juventud... ¡unámonos en torno a ellos!
Hora Santa en la Iglesia de las Carmelitas del Cerro de los Ángeles: a un lado la Cruz, al otro el Icono, y en el centro, Jesús Eucaristía.


¡Salta a otro mar!
Aprovecho el tema tratado para recomendar un enlace, en este caso a un estupendo artículo que en su día publicó José Luis Almarza con motivo de la peregrinación de la Cruz por la Iglesia de Madrid. Se puede leer aquí.

miércoles 27 de julio de 2011

Una de testimonio

¡Tan sólo 19 días para la JMJ!
Me avergüenza un poco no haber escrito más dirante todo este tiempo; máxime, cuando este blog ha tenido el honor de ver sus entradas reflejadas en la web diocesana de Getafe. Y, sobre todo, me apena no haber hablado más de mi propio testimonio, ya que yo me puedo contar entre los afortunados que vieron su vida cambiar en una Jornada Mundial de la Juventud.
Menuda pancarta se curró mi parroquia para la ocasión
Por eso mismo, hoy voy a copiar aquí un microrrelato que hace bastantes meses envié a la Revista Misión con motivo de un concurso literario que convocaron. La
idea era que se enviaran relatos cortos que trataran de viajes, ya que lo patrocinaba una cadena hotelera, y el premio era un fin de semana de hotel para dos personas en el destino que uno eligiera. Yo envié este viaje, que lo fue exterior e interior, y gané el premio. Pero, para que os hagáis una idea de lo idiota que puede volverla a una la pereza, hasta llegar a postergar incluso lo bueno de forma indefinida (como ya comenté en su día), al final no llegué a disfrutar del premio. En cualquier caso, el relato se publicó en la revista, y tenía pendiente ponerlo por aquí ahora que queda tan poquito, para ayudar con ello a que os hagáis una idea de lo que en apenas unos días puede sucederles a tantos y tantos jóvenes en Madrid.

Microrrelato viajero: El viaje que no acaba

Europa se me hacía lejana aquel verano. Tras haber esperado tanto tiempo a tener 17 años para acompañar a mi hermana en una de aquellas peregrinaciones, ahora no estaba segura de querer ir. Los desengaños de mi temprana juventud tiraban hacia adentro. Sin embargo, no habían ahogado mis ganas de conocer ni me habían empujado a romper la palabra dada; con lo cual, emprendí el viaje, rodeada mayoritariamente de gente desconocida, cuya alegría y cordialidad me empezó a sorprender ya antes de salir de España. En Francia, la novedad de pisar suelo extranjero contrastaba con la familiaridad de la que me iban haciendo partícipe: ya cantábamos unidos, reíamos unidos... A nuestra llegada a Los Alpes suizos, con aquel admirable paisaje, contemplamos que la fraternidad no mira fronteras, al ser recibidos por la gente del lugar con suma atención y cariño.
En Marienfield, unos chicos de Timor Oriental intercambiaron
danzas, banderas y camisetas con nosotros, y nos cantaron
"Qué alegría cuando me dijeron..." en su lengua nativa.
Y por fin, tras pisar suelo alemán, llegamos a nuestro punto de encuentro: la ciudad de Colonia. Allí, millones de jóvenes como nosotros se congregaban para la Jornada Mundial de la Juventud, junto al Papa Benedicto XVI. La estancia en aquel campo de Marienfeld fue, en sí misma, otro pequeño viaje, al cruzarse con personas de todos los puntos del planeta. Tras el encuentro, volvimos a casa por otro camino, como los Magos de Oriente. Conocimos brevemente la ciudad de Bruselas y regresamos a Francia, haciendo especial parada en Lourdes para acabar nuestro periplo con María. Tras todo este viaje, regresamos a nuestra ciudad, no para poner punto y final al camino recorrido, sino para continuar nuestro día a día mirando al rumbo emprendido en el viaje.
Dentro de menos de dos años, en Madrid, volverán a confluir miles de viajes. Y una vez más miles de historias, nuevas y únicas, serán escritas.

P.D.: mis agradecimientos a la revista Misión. Aprovecho para recomendar, a todo el que no esté suscrito, que la conozca, ¡merece muchísimo la pena!

miércoles 8 de junio de 2011

De trenes y miedos

El último anuncio promocional de la JMJ está en total consonancia con un miedo que tengo últimamente. Bueno, con uno de los varios que tengo, pero es el que ahora mismo viene a cuento. Os pongo el anuncio antes de seguir:

Se nos presenta la JMJ como un tren que sólo pasará una vez en la vida. Hay una razón objetiva para querer transmitir esto: al fin y al cabo, un evento semejante no volverá a repetirse de la misma manera, si en el futuro vamos a otra JMJ ya será en otro país, seremos más mayores, nuestra vida habrá cambiado (quién sabe en qué dirección); y eventos internacionales de este calibre en Madrid podrá volver a haber, pero ninguno con esta naturaleza. Aunque un día nos concediesen ser sede de unos ansiados Juegos Olímpicos, ni siqueira eso tendrá comparación alguna (en Sydney lo comprobaron ya). La unicidad de la JMJ Madrid 2011 es un hecho objetivo.
Desconozco, sin embargo, si las personas que han ideado este anuncio han pensado, sentido u observado lo mismo que yo. Ese miedo del que os hablaba. La inquietante sensación de tener algo grandioso entre manos y no saber qué hacer con ello. Ese espíritu "tercer domingo de Adviento", cuando, año tras año, a una le da por pensar: "¡vaya, que poco queda para Navidad y qué poco he puesto de mi parte para que este año no sea una más!". Y te consuelas pensando que aún puedes solcionarlo o que, a las malas, puedes hacerlo mejor el año que viene (aunque en el fondo tiene pinta de que va a ser igual).
Ahora se avecina algo para lo que estamos intentando prepararnos de formas muy diversas. Es de alabar la tarea que se está realizando desde muchos lugares, desde muchas organizaciones, muchas personas concretas. Otros, sin embargo, y a poco más de dos meses, parece que aún no nos hemos hecho a la idea de lo que viene. Por desgracia, tengo la triste sensación de que esos atontados somos muchos más de los que deberíamos; en consecuencia, la gente concienciada, alegre y activa (los voluntarios, por ejemplo) son muchos menos de los que deberían.
Si digo esto no es porque me guste quejarme (podría ser, pero no es el caso), sino porque tengo ese miedo empezando por mí misma; cuanto más se acerca ese tren, menos ganas tengo de que llegue. ¿Por qué? Porque me entristece la idea de que llegue y se vaya igual que ha venido, de que sean unos días agotadores y maravillosos pero que se queden sólo en eso, o que sean unos días que pasen sin pena ni gloria cuando deberían ser todo lo contrario.
Tiene delito que piense eso alguien que, como yo, conoció el maravilloso rostro de la Iglesia en una Jornada Mundial de la Juventud. Conozco, hasta donde me es posible, la capacidad de las JMJs de cambiar vidas y de otorgar un nuevo sentido a todo, pero no por ellas mismas, sino por lo que traen consigo. La JMJ Madrid 2011 nos hará ver, y ya lo está haciendo, el estado de salud que tenemos nosotros y que tienen nuestras comunidades. Y siempre entristece ver las enfermedades que acechan a lo que uno más ama.

Perdonadme por el aparente pesimismo. Tal vez sean sólo devaneos de una mujer de poca fe... ¿Habéis observado algo parecido en vosotros o vuestro entorno? ¿Creéis que nos hace falta reflexionar sobre esto, ahora que estamos casi en la recta final?

viernes 27 de mayo de 2011

#acampadadios

Si por una razón este blog dice mucho de mí, no es tanto por lo que escribo como por lo que no llego a escribir, esto es, por la falta de regularidad, de constancia, y de todas esas cosas tan necesarias cuando uno ama algo que cuesta un pelín de esfuerzo. En estos días me gustaría haber hablado de muchas cosas, de lo poquito que queda para la JMJ, de las recientes Elecciones, de la indignación colectiva de miles de personas en todo el país, de sus acampadas... Y todo lo he ido posponiendo en este tiempo de pereza; tiempo, sin embargo, en el que, por probar, me he hecho un tuiter de esos (@Suseando).

Y de eso quería yo hablaros urgentemente. Del twitter, y de una iniciativa maravillosa llamada #acampadadios. Es algo muy sencillo: en el twitter hay unas etiquetas temáticas, esas con la almohadilla delante, que sirven para unir los comentarios sobre el mismo tema que va haciendo la gente. Pues bien, la propuesta es que el viernes 27 de mayo (¡ya mismo!), a partir de las 12:00 (mejor si es tras el rezo del Regina Coeli o del Ángelus), escribamos en nuestro twitter nuestro personal mensaje de agradecimiento a Dios, incluyendo el "hastag" #acampadadios. También puedes retuitear los agradecimientos que más te gusten. La idea es que manifestemos por este medio lo agradecidos, felices y libres que nos sentimos de tener a Dios en nuestras vidas, o mejor dicho, de tener nuestras vidas en Dios. Así que ya sabéis, hoy a las 12:00 (y en adelante, no creas que por tener clase o trabajo a esa hora, o por enterarte tarde, ya no vale... ¡llenemos twitter de agradecimientos por un tiempo indefinido!). Y si no tenéis twitter, podéis aprovechar el momento para haceros uno, o uniros a la página de Facebook de #acampadadios, o ponerlo en vuestros blogs, o... bueno, seguro que se os ocurren mil maneras de promoverlo si os parece buena idea.
Termino por ahora con esta canción, a modo de homenaje para el impulsor de esta iniciativa y, espero, para disfrute vuestro (a mí me encanta y tenía ganas de ponerla en el blog un día u otro):

sábado 23 de abril de 2011

Sencilla, sublime... Santa

Semana Santa. Un año más, encendemos el televisor y encontramos, básicamente, dos tipos de escenas: las de quienes viven estos días según costumbres "piadosas", y las de las playas, las "operaciones salida" y quienes aprovechan los días libres para buscar algo de viento fresco.
Dentro de las primeras escenas, encontramos desde tradiciones preciosas hasta burradas que poco tienen que ver con el culto razonable, pasando por devociones populares de lo más diverso. El resto de españoles miran a la tele desde sus lugares de descanso o desde los hogares de los que no se han movido, y tal vez tengan ocasión de reírse y comentar lo "piraos" que están esos que se auto-flagelan o se hacen crucificar. Y posiblemente algunos se queden con la idea, alimentada por el morbo televisivo, de que todas esas diversas escenas que contemplan son la forma "religiosa" de vivir la Semana Santa.
Hay, en cambio, otra escena distinta de todas ellas y que no encontrarás en la caja atontada, pero sí en tu parroquia, en la mía, y en todas las que hay en nuestras calles. Se trata de los oficios de la Semana Santa, esas celebraciones que nos hacen vivir la Cena del Señor, su angustia en el huerto, su camino a la Cruz, su entrega total por nosotros. Unas celebraciones sencillas, con lo esencial (qué mas se necesita), y tremendamente elocuentes en su simbología. Unas celebraciones que no son de precepto, a las que cada uno escoge si ir o no, pero que en sí mismas otorgan sentido a todo lo demás, y ofrecen a quien quiere vivir la fe adentrarse en el misterio esencial que la constituye.
Esta Semana Santa ha llovido copiosamente, mucho más que en años anteriores y prácticamente en todo el país. Se han amargado los planes de muchos, que han visto entre lágrimas cómo se inundaban las posibilidades de sacar en procesión sus imágenes más veneradas. "Se ha arruinado su semana santa", he oído decir en el informativo. A mí esta lluvia, sin embargo, me ha ofrecido un marco perfecto para el recogimiento de estos días. Los Oficios son un regalo, y la Semana Santa con Cristo en el centro, algo imposible de arruinar, por más que llueva.
Gris está nuestro cielo, mas no triste pues necesitamos esa agua; del mismo modo, de penitencia y silencio son estos días, mas no de tristeza, pues también necesitamos de esa agua, de la que ha brotado de la Cruz y de la que recibiremos en la noche del paso del Sábado al Domingo. En este día, ocurra lo que ocurra en nuestra atmósfera, las nubes se disiparán para dar paso a la Luz.