lunes, 1 de febrero de 2010

Ni quiero, ni sé...

Hace un par de semanas empezó el programa llamado Generación ni ni, y en casa teníamos mucha curiosidad por verlo, debida en parte a la gran publicidad que estaba teniendo por parte de su canal, La Sexta, uno de los más vistos en nuestros ratos comunes (por eso tengo tanto que decir sobre esta cadena).
Lo primero que pensé cuando lo vi fue: "vaya, justo lo que me esperaba, un Gran Hermano con chonis". En efecto, es más o menos eso, solo que en lugar de sacar cuatro frikis de un casting y el resto de concursantes de una agencia de tíos cachas y tías recauchutadas, aquí los han sacado a todos de un botellón permanente, atendiendo al grito de auxilio de unos sufridos padres y madres.

No voy a entrar de descripciones demasiado detalladas del funcionamiento del programa y de sus concursantes, para eso ya hay blogs dedicados exclusivamente a eso. Además, no sé si seguiré el programa, no suelo guardar fidelidad a series y programas de tv, me da pereza. Entonces, ¿qué narices hago hablando de esto? habréis pensado. Simplemente, me llamó la atención el ingenuo planteamiento del programa. Sí, ingenuo. Creo que no tiene otra descripción. Más allá de lo chocante que pueda ser para la gente ver que existen personas que no aspiran a nada en la vida, que no tienen ningún tipo de inquietudes que les lleven a querer estudiar para encontrar respuestas y tampoco tienen ningún tipo de responsabilidad que les lleve a querer labrarse un presente y un futuro, más allá de lo penoso que suponga ver el nivel de enganche que tienen algunos al tabaco, tal que si se les acaba se acaban fumando hebras de plátano, está el hecho de que quieran, así como de un día para otro, inculcar a esos chavales una serie de valores que requieren toda una vida.

Me explico: aparecen unos psicólogos y les dicen que, además de aprender a convivir y a pelarse el culo trabajando, tendrán que aprender valores, porque no entienden ni de respeto, ni de disciplina, ni de nada de eso que suena tan carca o tan pasado de moda para tantos (aunque a lo mejor cambian de opinión si ven que los psicólogos de La Sexta abogan por eso). Uno de los concursantes se mosquea "hombre, yo a mis padres los respeto mucho". Pues eso, chaval, se ve que a tus padres nos les basta con que lo digas.

Un par de días después, tras beberse todo el alcohol que tenían en la casa, fumarse el plátano, haberse dormido y no haber ido a trabajar, no haber conseguido encender una vitrocerámica y haber dejado la casa hecha una mierda, vuelven los psicólogos con su maleta y dispuestos a hacer de niñeros porque "han demostrado que no han aprendido aún ninguno de los valores que rigen la convivencia". Y, para que empiecen a interiorizarlos, ¿qué mejor que castigarles con quitarles los caramelos como a los niños pequeños? Les muestran unos vídeos de sus padres metiendo en una caja sus objetos personales más queridos o más valiosos para deshacerse de ellos. Pues eso, una manera estupenda de inculcar valores a la gente, claro que sí.

La nota de cordura vino de boca de uno de los choni-concursantes, que dijo "pero si yo cambio no es para que no me quiten todo eso, sino por mis padres, para que estén bien"... Enhorabuena, chaval. Parece que tienes más idea del asunto que los que han hecho el programa, al menos de momento.

Aunque no abogo por la ingesta excesiva de televisión, creo que este programa deja entrever cosas muy interesantes si se ve con un poco de ojo crítico. Las entrevistas de los concursantes con los psicólogos han dejado ver realidades que son aplicables a cualquiera, por muy gañán que sea. La primera, que todos necesitamos sentirnos amados. La segunda, que eso se tiene que materializar. Y muchas veces, la forma en que se materializa no es de lo más agradable, pero sí de lo más amoroso. Amenazar a esas personas con quitarles sus cosas no creo que sea tan efectivo como plantarles la verdad de frente. La verdad duele muchas veces más que cualquier pérdida material. Y el permisivismo que muchas veces viene de la mano de la modernidad es, aun con la mejor intención del mundo, una des-educación bastante contraria a lo que nosotros necesitamos. Los jóvenes de ese concurso son prueba de ello, y muchos de nosotros también.

Lo paradójico de todo esto es que la cadena que emite este programa gusta de ser abanderada de esa modernidad permisivista, y ahora con este programa parece estar dando la razón a lo que tanto critica. Es una de sus muchas contradicciones, aunque en este caso es un buen síntoma: por mucho que se ataque, hay verdades que no se pueden negar. Las figuras de autoridad, por otro lado, son un hombre y una mujer, es decir, la combinación de lo masculino y lo femenino que siempre es necesaria para la educación. Por desgracia, la "paridad" no existe entre los concursantes... ¿no han encontrado suficientes parásitas? No me lo creo. Cambiando de términos, otro de los momentos que me han llamado la atención ha sido cuando la psicóloga le dijo a una concursante, literalmente: "no sé si sabéis que en una relación de pareja, además de sexo, tiene que haber otras cosas. Tiene que haber sentiminetos...". Otra joven manifiesta que el hecho de que sus padres estén separados es un motivo de sufrimiento para ella, tanto que no quiere ni que estén juntos en su presencia. Y otra más, a pesar de su juventud, ha vivido dos abortos, y no se ve precisamente feliz. Cada una de sus vivencias dejan al descubierto realidades que pocas veces se quiere ver. Vaya, que viendo este programa una recupera un poco la fe en la cordura de la gente, fe que ha ido perdiendo tras ver otras programas de la misma cadena o de otras, tanto en televisión como en radio.

Nuestra pereza y nuestra comodidad hacen que no queramos ir más allá; los efectos de la sociedad relativista del "todo vale" hacen que no sepamos... Por eso, más allá del "ni ni" de "ni estudiar, ni trabajar", que reduce esta realidad a unos pocos jóvenes, yo hablaría del "ni puedo, ni sé", que nos engloba a todos. Y es que, además de nuestra voluntad, es necesaria la ayuda de otros. Como dijo una vez un sabio (¿fue, tal vez, Juan Pablo II?): "la libertad necesita ser liberada".

4 comentarios:

Juan-Luis dijo...

Soberbio artículo, Sus. De verdad, enhorabuena...

un abrazo enorme!

Sus dijo...

Gracias, Juanlu :)

Drywater dijo...

Hombre, lo del refuerzo positivo es genial, pero a veces no funciona. En esos casos hay que tirar de autoridad, de castigo y de pérdida. Mucha gente está en contra del castigo, pero hay muchas maneras de castigar. Por ejemplo, pérdida de privilegios que no te has ganado, ausencia de gratificaciones, etc.
Esta gente ya está muy de vueltas de todo, y si no demuestran madurez es complicado revertir sus hábitos.
Buenas reflexiones
Un saludo

Eduardo Sanguino dijo...

Hola Sus, gracias por comentar en mi blog, por cierto tu blog está estupendo.

Saludos!