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| Too much for words alone by Murd3r0tica. Fuente: designsplanet.com |
Demasiadas palabras inconexas. Un cruce imparable de mensajes. Ahora estás leyendo esto, y si no te dice nada, pasarás a otra cosa sin terminar. O puede que pases a otra cosa sin saber si esto podría decirte algo. Y tal vez llegues a otro blog, a otra página web, o cojas entre tus manos un papel lleno de letras, y hagas lo mismo. Una y otra vez. El buzón de entrada lleno de correos de mil remitentes distintos, cada uno dice una cosa: simple publicidad y mensajes importantes se juntan, ¿por qué leer los segundos si los primeros son más llamativos y cómodos? Poco importa que tras estos haya una simple máquina y tras los otros, una persona. Una persona ahogada en un maremágnum de palabras, como nosotros, como nuestro tiempo.
La imagen del ahogamiento se ha hecho aterradoramente real esta vez, en la persona de Ashley Billasano. Un mensaje más entre todos los que ocupaban el timeline del Twitter de sus seguidores. Y otro, y otro más. Y así hasta 144. ¿Pero qué son 144 mensajes cuando al día se vierten millones en la red? Los usuarios de twitter podemos llegar a leer muchos mensajes al día, y muy variados: unos nos hacen reír, otros nos brindan información, otros buscan concienciarnos... los de Ashley informaban de que ella se quería suicidar. Y que había sufrido abusos sexuales desde que tenía 14 años. Ahora tenía 18, y 500 seguidores en Twitter. Usó 144 veces esos 140 caracteres para explicar su historia. Pero sus mensajes quedaron diluidos. Al parecer, nadie intentó quitarle la idea de la cabeza. Supongo que tendrían demasiado que leer, demasiados mensajes entrecruzados. Alguno pensaría que era mentira, una broma pesada para aprovecharse de quienes tienen buenos sentimientos y se preocupan por los demás. Y habría quien pensara que, al fin y al cabo, era su vida y no era plan de entrometerse (esa cómoda visión de la libertad ajena que nos convence de que la mejor opción es la indiferencia). El caso es que tras esos 144 mensajes había una persona y una llamada de auxilio que no llegó a un solo puerto seguro.
A la vista de esta historia podríamos quedarnos con los detalles concretos y echarnos las manos a la cabeza pensando lo mal que está el mundo y lo mal que debía estar ella, y entrar en posibles motivaciones que pudieron llevarle a hacer lo que hizo, pero... ¿habría cambiado la historia si nosotros hubiéramos estado entre los seguidores de Ashley? ¿topamos a veces con personas que, sin tener que llegar al extremo del suicidio (aunque a veces, por desgracia, sí), están sufriendo, y apenas nos paramos a prestarles un poco de atención simplemente porque lo tenemos al nivel de un mensaje más? Pienso ahora en todos aquellos que, como yo ahora, se toman su tiempo ante un teclado en compartir una parte de sí mismos o algo que les importa de alguna manera. Y lo fácil que es pasar de largo, y la de veces que lo he hecho, no por falta de tiempo, sino por cierto menosprecio.
Esta historia es la gota que colmó mi deseo de retomar el blog. Me ha hecho ver más claramente la web como un mar embravecido lleno de agonizantes buscadores. Algunos, por desgracia, se quedan sin oxígeno.

