Hoy: En ocasiones escucho a obispos
Yo pensaba que quienes más atentos estábamos a los obispos éramos los católicos. De hecho, pensaba que ya eramos casi los únicos. Pero últimamente me doy cuenta de que no, de que hay gente que aguarda sus palabras con mucha más ansia, porque arañar un titular de ellas (en el caso de los periodistas y similares) puede ser algo muy jugoso, o porque siempre viene bien tener un pretexto para verter todas nuestras tintas sobre alguien (en el caso de la población en general). Y si podemos verter nuestra mala leche donde lo hacen todos, a modo de bukkake ideológico, pues mejor que mejor. Espero que nadie se escandalice por esta comparación, pero es un buen ejemplo si se trata de hablar de unión para la humillación. Para otras sensibilidades, valga el ejemplo de las peleas escolares de diez contra uno, o los circos romanos. Aunque esto último ahora a todos nos indigna, y lo otro a muchos hasta les excita. En todo caso, siempre es cómodo dar la patada donde la dan todos, aunque el otro no la merezca.
Cuando el viernes topé con lo de Munilla y sus declaraciones sobre Haití, pensé: "vaya, qué novedad, otra vez se la quieren liar". Pero fue unas horas después, cuando leí el Evangelio del día, cuando caí en la cuenta de la novedad de la situación. En dicho pasaje encontré, en raíz, el mismo conflicto. Jesús ve que unos hombres han abierto el techo del lugar en el que está y han introducido así la camilla de un paralítico para que él lo sane. Él aprecia la fe de esos hombres y le dice al paralítico que sus pecados le son perdonados. A los que critican a Munilla les parecerá muy absurdo que, teniendo ante sí un hombre que no puede andar, lo primero que diga es que lo perdona, y no que lo va a curar. Pondrían a parir a nuestro Señor porque le ha dado más importancia a la salud espiritual de ese hombre que a su salud física. Los que en ese momento estaban para ponerlo a caldo, al contrario, criticaron que ese hombre se creyera con potestad para perdonar pecados, porque eso sólo podía hacerlo Dios. Y él les dice: "¿Qué es más fácil, decir al paralítico: 'Tus pecados te son perdonados', o 'Levántate, toma tu camilla y anda'?". Es decir, ¿qué es más fácil, procurarle a alguien la salud física o la salud espiritual? Y, a renglón seguido, Jesús, para mostrar que ambas cosas son posibles, hace, como todos sabemos, que el paralítico ande. Pero no lo olvidemos: este signo externo, que muestra que nada es imposible para Dios, sirve para hacer visible lo interno, esto es, el perdón de los pecados. El primer milagro que hizo Cristo con ese hombre fue perdonarle, aunque nuestros ojos necesiten verlo echar a andar. De la misma manera, el primer mal del que todos necesitamos ser curados es nuestro egoísmo, aunque también sea necesaria la ayuda física en los momentos difíciles, como el que atraviesan nuestros hermanos en Haití. Volviendo a la pregunta de Jesús, me vuelvo a preguntar: ¿qué es más fácil, decir una verdad de las que duelen y aguantar el consiguiente chaparrón, o movilizar a una diócesis para la ayuda y hacer una donación de 100.000 euros? Munilla, que ha hecho las dos cosas, sabrá la respuesta.

A Cristo lo criticaron por decir que podía perdonar pecados. A Munilla hoy le critican por decir que es necesario que nuestros pecados sean perdonados. La raíz es la misma. Una vez más se hace relidad el Evangelio. Creo que esto es siempre un motivo de alegría, ¿donde se va a hacer realidad, sino en la Iglesia? Gracias, Monseñor. Una vez más, siguiendo la enseñanza del Maestro, y mostrando que se puede (y se debe) ayudar en lo material sin descuidar lo espiritual.
Para finalizar, por si a alguien le apetece escuchar lo que se dijo de forma completa y no sólo "en ocasiones", aquí tiene la entrevista:
Y aquí, la acertadísima carta que mi chico escribió al diario 20 minutos con respecto a este tema.
Lo último que queiro añadir son dos sencillos puntes. El primero, que en mi Evangelio se dice de Jesús que "Él les proponía la palabra". Algo que se propone y no se impone no debería ofender, ¿verdad? El segundo apunte es que, si escucháis bien a Munilla, está comparando el sufrimiento de los damnificados en Haití con el sufrimiento de Jesús en la cruz... ¿Cómo se puede acusar a alguien de despreciar a quienes ha comparado con el propio Cristo?



